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¿AMOR
RESPONSABLE O AMOR CIEGO HACIA LOS HIJOS
Parte
II Adaptado
por Victoria Paz de Herron
vpaz@colegiobrader.edu.pa
Dándole continuidad a nuestro artículo, el cual nos
invitó a reflexionar acerca del
por qué hacemos determinadas cosas que
no permiten que
nuestros hijos crezcan independientes y que nos lleve a
una estructura familiar clara, en esta oportunidad
queremos contestar a varios de esos
¿por qué?. Veamos cómo
cada acción tiene una reacción.
v
No le evite problemas.
Ayúdele a enfrentarse a ellos, si es que cree que no
podrá hacerlo solo. Y sí es capaz. No se anticipe a sus
demandas. Si necesita ayuda ya se lo pedirá.
v
Fomente las conductas
apropiadas a su
edad; no le ría las gracias por comportamientos que son
infantiles.
v
Exija trabajos de calidad.
Asegúrese
de que la tarea que tiene en casa son proporcionales a
su madurez y edad; y una vez que lo haya hecho, exíjale
que lo haga bien. Nada de “pobrecito, al menos lo
intentó”. Si ha de limpiar los zapatos, tiene que
hacerlo lo mejor posible.
v
Evite dar órdenes,
recordándole o avisándole todo lo que tiene que hacer.
Si su hijo quiere salir a montar en bicicleta y hace
mucho sol no le diga: “ponte la gorra que hace sol”,
sino limítese a decir: “hoy, está haciendo mucho
sol en la calle”. Si quiere que recoja los
juguetes dígale: “los juguetes no están en su sitio”.
Cuando corrijamos, hagámoslo describiendo no
criticando. Si considera que se equivocó, limítese a
describir la situación para que vuelva a tomar una
decisión más apropiada “hijo, hoy hace mucho sol”.
Sabrá que además de la gorra, debe llevar otra
protección sin necesidad que usted se lo diga.
v
No le diga:
“Es imposible que hoy venga tu amigo. Es muy tarde y
todavía te falta acabar los deberes y ducharte. Déjalo
para otro día”.
Dígale: “De acuerdo. Acaba tus obligaciones; y si te queda tiempo
libre, llámalo”
v
No conteste
a todo lo que pregunten sus hijos. Tienen derecho a
pensar por sí solos, independientemente de la edad; a
valorar opciones, a reflexionar. Si evita con sus
respuestas este proceso cognitivo, evita que se exploren
a sí mismos y maduren.
Cambie sus
respuestas y utilice frases que le hagan pensar a su
hijo que usted cree en su capacidad de tomar decisiones
acertadas; y en su capacidad de rectificar si es que se
equivoca. Con ello conseguirá que, además de fomentar la
toma de decisiones y su autoestima, no tema a las
frustraciones y éstas sean un reto más que un motivo de
inseguridad.
Puede utilizar
frases hechas como éstas:
“Toma tú la decisión”
“¿Tú qué crees?”
“Decide tu mismo”
“Eso depende de ti”
“Haz lo que creas más oportuno”
Ayudar ¡sí!,
sobreproteger ¡no! Cuando su hijo se esfuerza por superar un reto o un problema, es lógico
sentir el impulso de ayudarlo. Sin embargo, si quiere
ayudarle, no debe ayudarle en ese momento. Su hijo lucha
por saber hasta qué punto es autónomo, y su opinión
sobre sí mismo dependerá directamente de la frecuencia y
manera en que le ayude. Para concluir: recuerde
informar con claridad dónde empiezan y acaban los
límites de libertad. |